Un respiro para el Espanyol

Fue el Espanyol de Quique Sánchez Flores el primero en derrotar al Barcelona de Ernesto Valverde desde que comenzó la Liga, y lo hizo tras elevarse a todos los niveles una vez su guardameta, Diego López, detuvo un penalti a Leo Messi, una acción que tuvo el mayor de los significados posibles. Los periquitos administraron esfuerzos desde la inferioridad para terminar imponiéndose por clara superioridad emocional. Literalmente, Cornellá-El Prat se emocionó con la parada de su portero y desde ahí tiró con todo, se abalanzó modificando su altura defensiva y consumó una victoria muy copera. Lo cierto es que incluso hasta ese momento, que dibujó un partido completamente diferente, todo estuvo bien jugado. Y el Barça estaba dominando con cierta holgura.
Con una alineación inédita, sin Luis Suárez, Andrés Iniesta (lesionado), Jordi Alba e Ivan Rakitic, el Barcelona se mandó un mensaje a sí mismo. En un encuentro siempre marcado por una enorme rivalidad, Valverde buscó el silencio. La tranquilidad. Llamó a Aleñá, Aleix, Digne y Denis, retrasó a Paulinho y confió en Busquets y Messi para ser todo lo que buscaba. Quique, fiel a su bloque bajo, no encontró ninguna salida clara en 45 minutos de primer tiempo. El Barça entendió con sencillez el plan perico, consistente en condensar en número la zona con más tráfico y aprovechar la ausencia de Suárez y Alba, los hombres más profundos del líder del campeonato.
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En este dominio culé debe destacarse su ya asentadísima salida de balón, casi nunca comprometida por los rivales y una habilidad para conectar a Sergio con Leo en tres cuartos. Debe señalarse el tremendo impacto que el de Badia está teniendo en las dos mitades. Siempre sobresaliente en campo propio, Busquets prolongó la lección técnica para colocar a los suyos en la senda del dominio cuando cruzaba la divisoria. Con la movilidad de Aleñá, Denis y Paulinho, Messi recibió con comodidad, sin tanta marca, y participando con mucha frecuencia para comenzar a acelerar.
Este Barça, que no se está quedando escaso de nada, volvió a cumplir con otra de sus virtudes: aunque Messi reciba arriba, sus compañeros hacen un esfuerzo sostenible, desde lo táctico y lo físico, para llegar por delante, limpiarle marcas u ofrecerle opciones. Cada arrancada de Messi desde la izquierda en diagonal hacia portería, vio a Digne, Roberto o Paulinho sobrepasar su posición con el balón y darle espacio estirando la zaga blanquiazul. Paulinho, detector de espacios al estilo Thomas Müller, volvió a ofrecer movimientos muy característicos de esta circunstancia. Seguramente la diferencia de calidad en las piezas impidió traducir el buen hacer en sentencia.
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El 0-0, no obstante, se mantuvo y en una segunda parte algo más tímida y dormida, llegó el penalti que lo cambió todo. Tiró Leo, paró Diego y Cornellá se transformó. La acción posterior al duelo entre ambos fue un saque de esquina a favor del Espanyol, que se vio con fuerzas renovadas por el significado potentísimo de haber salvado un gol, de habérselo parado al ’10’. En esas, Quique dio entrada a Melendo y su equipo, que ya estaba protagonizando el encuentro en cada duelo individual y en cada salida exterior, con un Gerard Moreno siempre bailando por zonas vacías, creyó en la victoria. Los pericos adelantaron líneas, tomaron un riesgo que estaba completamente fundamentado desde la oportunidad que le había dado su portero, y consumaron un triunfo en 20 minutos de pura Copa del Rey.