El Amanecer de Mayoral

La presión que diseñó Zinedine Zidane contra la salida de balón de la Real y la capacidad de Modric, Isco y Asensio para esconderlo si sufren lo propio sembraron las bases de una victoria en Anoeta que les resultó más fácil de lo que cabía esperar. Una de las raíces del planteamiento de Zizou derivó de la lentitud del ataque txuri-urdin, que fue lo que le animó a soltar a sus interiores en persecuciones contra Illarramendi y acosos a Diego Llorente o Elustondo sin miedo a que una posible presión batida por parte de los de Eusebio fuera irrecuperable para los velocistas Carvajal, Varane y Theo Hernández. La otra, más ofensiva, se vinculó al notable envite de Borja Mayoral.
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El Madrid partía un déficit táctico asumido que emanaba de la posición de Isco como interior izquierdo. Cuando el andaluz ejerce de Kroos, exhibe una movilidad pareja a la que le hace brillar como mediapunta y fuerza al colectivo a inventarse nuevas hojas de ruta para salir jugando desde atrás e instalar la posesión arriba, ya que la vía principal suele radicar en el triángulo Ramos-Kroos-Marcelocon el alemán siendo el más fijo en zona de falso lateral izquierdo. Sin dicho mecanismo, se pierde orden y las exigencias técnicas y de acierto en los movimientos se multiplican de cara a mantener la pelota controlada, y fue Borja Mayoral quien, con sus incesantes y moderadamente precisos apoyos, contrajo las obligaciones de Benzema para poner de cara al triángulo de Las Bermudas (Modric-Isco-Asensio), que fue el que desnaturalizó el fútbol del hasta ayer colíder. La Real Sociedad sufre si la presión ajena tapona su salida desde atrás, pero definitivamente se evapora si se le imposibilita recuperar la posesión cuando se lo propone. Así, pierde su sentido.
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Dominado el encuentro allá donde iba a definirse, el único desafío que le quedaba al Madrid para vivir tranquilo en Anoeta residía en la banda derecha que protagoniza Álvaro Odriozola, que es un chico encaminado sin remedio a convertirse en uno de los mejores de Europa en su posición. Su ligera velocidad, la autosuficiencia que le otorga su regate y la valentía para recoger responsabilidades que subyace de su fe le alzan como un clavo ardiendo para Eusebio incluso cuando nada de lo demás funciona bien. Sin embargo, ante Theo Hernández no pudo dominar. La actuación del lateral izquierdo blanco fue tremenda en lo defensivo y condicionante en la parte de arriba, en lo que fue la primera batalla para el recuerdo de dos niños dotados para regalarnos varios duelos inolvidables a lo largo de la década que se nos presenta. Quizá (ojalá) haya nacido una rivalidad.
“a mejor noticia en clave Real Madrid (junto con los tres puntos, claro). Le vi con un puntito de pausa que no le había visto como futbolista blanco hasta anoche. Solo se aturulló en una contra en la que apareció por el medio, donde la cabeza no pensó tan rápido como galopaban sus piernas. 

Y qué partido otra vez de Asensio. Juega como si tuviese 28 años.”